“SOY FELIPE LÓPEZ MORALES, Y NO ME RAJO”

Por: Víctor Manuel de la Torre
(2007)

Cada tarde, Felipe López Morales saca una silla a la banqueta de su casa. Sentado, desde ahí contempla los verdes sembradíos de la alfalfa, avena y zacate forrajero, en las cercanas parcelas pegadas casi a la orilla del pueblo. Muy cerca, también, pasa el pequeño canal de riego, revestido no hace mucho de concreto.

Por lo alto de la ubicación de su casa, en la parte sur del poblado, el hombre tiene ante sí un bello panorama. Lo mismo pasea la vista hacia la punta norte, que hacia la parte central donde ésta la iglesia, plaza, escuela y el palacio municipal. Hacia el este, alcanza a distinguir la carretera que comunica a los municipios de la región.

Lo que no puede verse es la puesta del sol. Ahí, atrás de su casa, cercanos cerros absorben desde temprano la luz que anuncia el retiro del astro solar todos los días.

Con el pañuelo en la mano, Felipe aparenta espantar zancudos y moscos como en tiempo de calor. Nunca lo hace con su sombrero de palma, el que siempre pone por un lado de la mecedora donde está sentado.

No dialoga con los vecinos. Vaya, ni siquiera tiene con quién hacerlo. Todo a su alrededor ha cambiado. Los vecinos se han ido, unos han emprendido el viaje eterno. Otros, han ido en busca de un mejor futuro.

Felipe nació en 21 de agosto de 1914, lugar qué el llama “La cuesta”, al que también se le conoce como “La otra banda” por su ubicación de aquel lado del río.

El pueblo estaba de aquel lado del río, recuerda. Había como unas veinte o treinta casas. De este lado, unas diez familias se asentaban en lo que hoy es San Felipe.

“Loreto López Ochoa y Rosa Morales fueron mis padres. José María López “el cuate”, y Ramona Ochoa, mis abuelos paternos eran en ese tiempo los ricos del pueblo”.

Una parte significativa de su vida, la niñez y la adolescencia y parte de su juventud la pasó en “El potrero”, las tierras de cultivo de su padre ubicadas al sur del pueblo.

Ahí me críe junto a mis hermanos Jesús, Francisco, José María y Ramona. Si bien recuerdo, vivimos ahí por más de veinticinco años en una casita de adobe y vigas de álamo. Mi mamá criaba muchas gallinas. La siembra de trigo y fríjol era lo fuerte. Mi padre llegó a cosechar cien fanegas de trigo y hasta treinta de fríjol. En 1926, el río nos llevó todo. A Jesús, mi hermano le llevó el trigo ‘engavillado’.

Desde entonces se fue a Magdalena y ya no volvió.

Así fue la vida en la milpa donde murieron mis padres, al lado de Pancho mi hermano., quién se quedó a vivir mucho años en el portero.

“Mi padre Loreto fue dos veces presidente municipal cuando no pagan nada, cuando tenían que ir a buscarlos a las milpas para ver si querían el cargo”

Felipe se casó a los veinticinco años con Francisca Ochoa “La Marina”, en 1938.

“Yo no tenía nada. Vendí treinta fanegas de trigo a diez pesos cada una. Le di ochenta y cinco pesos a la novia, Compró los trastes de la cocina y un vestido blanco y azul. A Ramón Casillas ella le mandó hacer una cama de fierro, una mesa y seis sillas como por veinte pesos. No hubo fiesta. Tu nana “Chica” no quiso. Compré un quintal de harina, café y azúcar.

“La vida era muy trabajosa. Al principio duramos un tiempecito en la casa de Doña Chica. Luego le renté un cuarto al Nelo, aquí cerquita. La casa la hicimos entre los dos por allá en 1956.

“Seguí sembrando trigo maíz en las tierras de mi padre. Pero había que alquilarse a veces. Por trillar de trigo con bestias te pagaban $1.25 centavos. Eran los tiempos en que trabajaba “El lavadero” la compañía “Pachuca del sur”, pero nunca me gustó trabajar en las minas. Más bien iba y les vendía cosas a las familias que ahí vivían.

“Ya casado, me fui de mojado unos tres años. Estuve en Yuma y en Phoenix trabajé en el riego y en la lechuga.

“Cuando se hizo el callejón de la entrada al pueblo trabajé ahí unos diez días. Era presidente Alberto Ochoa. Para que sepas que siempre hay gente que te friega, el secretario Emiliano Ballesteros nos quitaba cincuenta centavos. La orden era pagarnos tres cincuenta y él nos daba tres pesos diarios. Los agarraba para él: En ese tiempo creo que agarró como ciento cincuenta pesos. Lo llevaron a Ures. También tuvo por muchos años el correo y una vez le robaron la petaca pero no tenía nada. Nunca le encontraron el dinero.

La tarde sigue cayendo. Felipe vuelve a recorrer la vista por los cultivos redestinados para alimento del ganado.

“No, no hay nada ya que se siembre para que la gente coma, murmura. Ahora todo tiene que traerse de fuera. Ya nadie siembra maíz, chile, tomate, trigo, papa, camote…

Los recuerdos llegan en cascada. Felipe combinó en un tiempo su trabajo en la agricultura con una actividad muy propia de las pequeñas comunidades agrícolas, el ser “juez de agua”, el mandamás, el que decía a cada quien los días de riego para sus tierras de cultivo, de acuerdo aun rol y a las necesidades de la siembra.

“Aquello era muy trabajoso pero te dejaba algo. Eso de ser juez de agua era también tener responsabilidades de la limpieza del canal de riego. Todavía me acuerdo de las tareas que les daba a los jornaleros. Y pensar que las más jóvenes eran los que mas se quejaban, y los que más bromas pesadas hacían sobre sus mayores. Y pa’ luego algunas veces se les tenía que ayudar a sacar su parte. El viejo Churilín era uno de los más bromistas y siempre iba a sacar su tarea de ramero con la osa que le sacateaba a la pala.

Hombre de campo, de trabajo duro, Felipe fue en su juventud y madurez un activo ciudadano, siempre militante del Partido Revolucionario Institucional; casi siempre estuvo allegado y colaboraba con los presidentes municipales. Fue notoria también su participación en la directiva del Ejido, donde se desempeño como secretario de actas, encargado de vigilancia y presidente ejidal.

De ese entonces se recuerda su decisiva participación cuando los ejidatarios defendieron férreamente un intento de expansión de los ejidales vecinos, lo de Aconchi.

-¡Soy Felipe López Morales y no me rajo, cabrones!- dijo en ocasión de una asamblea, cuando organizaban una partida para retirar un cerco impuesto por los vecinos del ejido del sur.

-Hay que demostrarle a esos jodidos quién tiene la razón. No es posible que quieran meterse hasta la orilla del pueblo, y si nos dejamos, hasta la plaza se van a venir a poner la línea.

Al paso del tiempo, Felipe empezó a volverse viejo. Cansado de trabajar, primero empezó por rentar la tierra y subsistir de acuerdo al “partido” de la cosecha: a medias, al tercio, a como se conviniera, Luego decidió venderla junto con las quince vacas que eran parte del sustento familiar. Depositado en el banco, el dinero se fue acabando, mientras que la tierra, en manos de un nuevo dueño, adquiría cada vez más valor.

“Si tan sólo hubiera tenido un hijo hombre, tal vez la cosa fuera diferente. O si alguno de mis nietos se hubiera interesado en quedarse aquí… pero no, a quién le interesa ahora quedarse el en pueblo a sembrar, a regar, a cuidar vacas…

La tarde se ha ido ya. Felipe se dispone a entrar a su casa para cenar frijoles con tortilla y atole de harina antes de acostarse.

A su recuerdo, viene la imagen de su mujer, Francisca Ochoa “La Marina”, como si la observara detenidamente por la ventana desde su catre, donde pasaba gran parte del tiempo en aquel cuarto de adobe.

La buena mujer acusó los efectos de una dura vida de trabajo y sacrificios. A diferencia de su marido, la salud mermó considerablemente. El cigarro y el café enseñaron los estragos. Su memoria fue perdiendo rápidamente su lucidez. Fue el mal de Alhazeimer, le dijeron un día a Felipe.

Hace unos meses la compañera de su vida partió. Hoy Felipe vive de los recuerdos y de la voluntad por la compañía de una de sus nietas.

Atrás ha quedado su esfuerzo de una vida en la milpa, la acequia, en el ejido, en cargos municipales, CNC, CNOP, en la lucha por la subsistencia como matancero, pepenador, colector de botellas y un sin fin de actividades que la naturaleza permite desarrollar al ser humano.

Ahora sólo le quedan los recuerdos. El pasado que siempre se niega a morir.


(Don Felipe López falleció en su domicilio, asistido por sus nietas, el 15 de Enero de 2008. Descanse en Paz.)



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