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CRONICA DE LA CABALGATA – RAYON SAN FELIPE
SABADO 11 DE NOVIEMBRE 2006
POR : PADRE ARNULFO MONGE HOYOS
Desde las 4:30 de la mañana se comenzaron a ver bañar caballos, darles el último taco, asegurarse que tomaran agua… y con todo listo, a ensillar cada quien a su equino, amarrados en los tientos ilusiones, esperanzas, y sobre todo el sabor de la aventura por pasar el famoso “cerro de los locos” majestuosa barda fronteriza entre dos ruas que conduce la vida de muchos pueblos y que encierra tanta historia, el Río Sonora y el Río San Miguel. Y al canto del gallo desvelado por la fiesta de la noche anterior de los jinetes de la cabalgata, en punto de las 6:30 de la mañana, 22 jinetes de Rayón y 6 de la bella capital de Sonora, con la bendición de Dios, partimos hacia el “otro Río”
Al subir apenas el puerto comenzó la belleza que el creador nos ha dado y que confirma aquella expresión: “Tu no estás deprimido, estas distraído…” se empezó a ver ya el cerro del picacho desde una perspectiva distinta, firme, erguido y orgulloso que desde grandes distancias aun se le puede ver. Se ven las milpas ya cosechadas y listas para el siguiente cultivo, se ve el valle como alfombra que embellece nuestra región que solo desde fuera y a cierta distancia, como muchas cosas en esta vida, se puede contemplar.
Seguimos nuestro recorrido, y cosa curiosa que todos hemos experimentado, al ponerse la bella lámpara del mundo, el frió comenzó a arreciar, se vino un viento helado que para los que no íbamos preparados caló demasiado; pero pudo mas el propósito de terminar lo que habíamos comenzado.
Así fue como a las dos horas de montar llegamos al primer rancho “lo de salas” en donde nos esperaba ya el ciudadano presidente de Carbó junto con un grupo de 3 personas más invitados por el presidente de Rayón.
Ante el primer inconveniente: la llave de la puerta… que debe haber para tener que contar, aprovechamos para desayunar por primera vez, así que empezaron a salir las bolsas que con cariño nos amarraron las mujeres, con tacos, los que como siempre se impusieron y que todos peleamos, de machaca, los que no podían faltar: de fríjol, hasta tamales hubo… y después de un breve pero sustancioso desayuno continuamos la subida, los carros que nos acompañaban, jineteados por la admirada “pita” por su excelente desempeño al volante y el Toyota de Joel, se quedaron a recoger todo con su equipo: Carmen y Luz Díaz, los de a caballo continuamos.
En medio de platicas y admirados por las bellezas que solo a caballo se contempla, avanzamos un promedio de 6 kilómetros ( 3,73 millas) por hora y así fue como llegamos al segundo punto, el rancho de “Los Chinos” en donde tuvimos un tiempo ya mas largo para desensillar, formalmente desayunar, y platicar; aquí las muchachas que nos acompañaban hacían dote de su espíritu de servicio y nos brindaron tacos a todos, mientras Marcos Chávez aprovechaba muy bien de su gran don gentes y nos contaba parte de sus vivencias a modo de charra, lo cual a todos nos arrancaba una sonrisa.
Después de siete horas encumbramos, nos dispusimos a sacar nuestros pasaportes, habíamos llegado al límite en donde se contemplaba por un lado el cerro, Aconchi y del otro lado Rayón, es una belleza que con lenguaje humano seria imposible describir, mejor vaya usted y confírmelo con nosotros.
Nos detuvimos un tiempo a admirar la belleza y seguimos, cresteamos un tiempo mas, y ya mas adelante comenzó la cuesta baja, pero antes de que esto llegara, el Palomino de Juan se cansó, momento para que mostrara su gran condición de caminante, avanzó un buen tramo a pie y sin hacer ni un solo gesto, ya delante ensilló el pinto de Tadeo, su hijo quien se fue en ancas en el zaino de su hermano.
A mitad de la bajada nos encontramos en un valle que solo Dios pudo haber creado, lugar que albergaba el tercer rancho que estaba en el itinerario pasar.
“El Llano” ahí nos esperaba la avanzada representativa de San Felipe, quienes nos guiaron acompañándonos desde ahí hasta la entrada de su bello y hospitalario pueblo.
Fue el tramo mas pesado de toda la travesía, se sumaba el cansancio al de los caballos, y se hacía pesado el andar, ya ni preguntar ¿te cansaste?.Cabía, era bastante obvio, pero bueno, sacamos la casta y seguimos, la alegría de los sanfelipeños nos ayudaba y así fue como entramos al pueblo, en donde una comitiva de gente encabezada por la ciudadana alcaldesa nos dieron una muy agradable acogida, gente a los largo de la calle por donde pasamos desatendía sus manos saludando y haciéndonos sentir en verdad bienvenidos, era momento para darse cuenta que el lenguaje humano queda corto para expresar lo que sentimos y son mejor que los signos.
En el calor de esa bienvenida, nos dispusimos para celebrar la Santa Misa en el templo del pueblo lleno y a las 12 horas exactas de haber salido de Rayón participamos e la fiesta de nuestro hermano mayor: Jesús.
Después de la misa disfrutamos de la cena preparada por los lugareños, seguida por un pequeño convivio entre los jinetes del Río San Miguel y los del Río Sonora que acabábamos de conocer, así fue como terminó el primer día.
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